Justo y merecidoOsasuna dio la gran alegría a sus aficionados, a una gente que no paró de animarles durante los noventa minutos llevándoles en volandas hacia la victoria y acallando los contados cánticos de los también contados escoceses. Era la gran ocasión de dar la campanada, de eliminar de la Copa de la UEFA a uno de los grandes del fútbol europeo y nadie desaprovechó la ocasión. Osasuna fue algo más que unos jugadores sobre el campo, se convirtió en una piña de ilusiones y de esfuerzo en la búsqueda del objetivo deseado y soñado.
Y, nadie puede decir, cuando Quiniou, tras cuatro largos minutos de descuento, señaló el final de partido, que aquello no había sido justo sino todo lo contrario. Osasuna, y sus aficionados, hicieron méritos más que suficientes para ganar al Rangers por 2-0, un resultado que se antoja incluso corto dadas las ocasiones de gol que tuvo el cuadro de ese gran estratega que es Ivan Brzic. Pensemos que por tres veces la madera repelió los remates de los osasunistas. En el primer tiempo el remate de Benito (5 m.) tras centro de Martín, y el de Orejuela (23 m.), de cabeza al larguero. En la segunda mitad, el lanzamiento de falta de Lumbreras (31 m.) que fue a toda la escuadra despejando después Walker con los pies el remate de Benito.
A cambio el Rangers únicamente creó dos ocasiones de peligro en los noventa minutos. La primera en el m. 20 cuando Cooper hizo una de sus pocas buenas jugadas y se quedó en el área rematando muy cruzado y la segunda a los cinco minutos de la continuáción cuando Castañeda salvó un remate de cabeza de Patterson tras el único error de Biurrun en todo el partido.
Con velocidad, juego y cabeza
Estas fueron las tres armas de Osasuna. La primera la velocidad, en el primer tiempo, anticipándose a lós acciones de los escoceses, la segunda el juego, porque pusieron más calidad que sus rivales y la tercera la cabeza, que es lo que desarrollaron en el segundo tiempo para actuar con frialdad, sin actuar a lo loco y sabiendo lo que tenían que hacer en cada minuto.
Pero, de todo esto hay, que destacar el fenomenal primer tiempo. Cuarenta y cinco minutos en los que rompieron al Rangers en todas las líneas. Brzic, a quien injustamente se le acusa a veces de miedoso, planteó el partido al ataque. No quiso saber nada de meter un defensa para Cooper sino que le colocó a un centrocampista, Ibáñez, mientras atrás quedaban Castañeda y Purroy con Johnstone y McCoist. En medio campo Lumbreras con Durrant, Rípodas con Bell y Bustingorri con Russell. Delante, Benito, Orejuela y Martín marcados por zonas por Munro, Patterson y Burns.
Y, uno se queda de este primer tiempo con el partidazo que hizo Patxi Rípodas mandando con una enorme autoridad en la zona, la seguridad de la defensa en las marcas y la movilidad del ataque con los cambios posicionales de los tres puntas. Y especialmente con la labor de un Martín que trajo a mal andar a la zaga escocesa mientras le duraron las fuerzas. Después, cuando se le acabaron, lo intentaba pero no podía y en este punto hay que pensar que no tiene el mismo nivel de preparación que sus compañeros.
La cabeza, la frialdad, llegó en la segunda mitad. Con el 2-0 hubiera sido un suicidio lanzarse a lo loco. Había que aguantar y contragolpear y más cuando Wallace, ese técnico que únicamente es simpático antes de los partidos e impresentable cuando las cosas le salen mal, metió a un nuevo delantero, McNimm, por el centrocampista Russell (M. 1 6 2T) y después quitó a Cooper (M. 24 2T) para meter al delantero centro Williamson. Esto obligaba a mucho porque el Rangers con la eliminatoria perdida se lo jugaba el todo por el todo. Pero, entonces surgió ese gran jugador que es Bustingorri que se tuvo que quedar casi de lateral, con Mc Nimm, que le pasaba la cabeza, y que sacó mil y un
balones de la zona en una labor ingrata y oscura.
Un Rangers desbordado
El Rangers se vio desbordado. Por fallar, lo hicieron hasta por alto en defensa en la que sus dos torres, Mc Pherson y Patterson, se veían perdidos y mal colocados ante los centros al segundo palo. Porque, fue curiosamente por alto por donde Osasuna creó todo su peligro en la segunda parte. Mal la defensa escocesa, por el centro siendo lo mejor sus laterales Burns —¡cómo la juega!— y Munro, discreto el medio campo aunque se pasan el balón de maravilla y, delante, únicamente la peligrosidad de Mc Coist ante el que Purroy tuvo un trabajo a destajo. Jhonstone estuvo muy bien marcado por un Castañeda que hizo un partidazo y Cooper, tras unos escarceos iniciales quedó perdido en el campo.
Ahora, Osasuna a pensar en la Liga y en la próxima eliminatoria pero, de momento, la hazaña ya está conseguida.